7 de octubre de 2007

Cuento I

Tardes de río vuelven fuerte en su soledad al vulnerable hombre de gris, que guiña los ojos al son nervioso de su naturaleza sencilla a un reflejo comprensivo, son las aguas del río que a su compás vibran, cuando se miran entre guiños, como si el hombre gris fuera arrastrado por la corriente, enturbiando el río, soplo que roza liviano los enfermos oídos, sordos de la vida que pasta a sus orillas.

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