29 de noviembre de 2010

Fragmentado

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El lugar le parece una isla; la que tiene frente a él. Se rodea de agua.
Con el camino trazado, sólo tiene que invertir el sentido, andar la ciudad de una punta a la otra, mirar al mar todo el tiempo que pueda.
Lo que allí tenía sentido, aquí lo perdía. Esto mismo; Anca pasando la tarde en un puerto de pescadores; si estuviese en Alemania, en otro puerto, tendría otro significado. La soledad —pensaba— tenía más sentido allí; aquí no la toleraba. La melancolía también, eran cosas que le trasladaban. En cambio aquí —pensaba— cuando una cena con los amigos salía bien, era perfecta. En Alemania eran diferentes —las cenas—, tenían más templanza, quizás, y talento, pero también el acompañamiento de música clásica mezclada con el recuerdo de las cenas en Madrid porque éstas sucedieron primero.
El amor era otra cosa. Comenzaba por recordar la última vez, la mujer que dejaba en el país que dejaba, y en ese orden parecía imposible plantearse otros porqués más allá de los que le habían llevado a tomar la decisión de marcharse, a saber...

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