9 de diciembre de 2010

Panza llena

Te escribo para contarme, eso es. Pequeñas descripciones, pequeñas fotografías. Sólo espero encontrar el encanto necesario.

Siempre pido más tiempo, más tiempo. Pido más tiempo a las personas mágicas de mi vida. Para realizar el intercambio, pactar destinos y brindar por nosotros.

Al cambio, la compra me acaba pareciendo excesiva. Y anochece. Entonces bajo a la tienda a devolver todos los días como hoy, las últimas semanas, allí ya me conocen: soy “la chica que compra un día tras otro para devolverlos sin palabras”.

Había pensado en uno de esos días, un día de mi vida, imparable y salvaje. Un recopilatorio, mejor. Contarte, por ejemplo, la conversación más bonita del día, las sonrisas de los chicos que no son de fiar, la aflicción; cómo esta ciudad me ha sumido en un profundo silencio, los encuentros, las noches árticas, valor…volar…

Quería escribirte algo de esto, del verbo en movimiento. Tú, te llevas algunas palabras. Dejaron de existir las primeras veces, ¿te lo dije? He vuelto a hacerlo. No tengo pruebas imposibles, sólo me pronuncio, sólo digo que yo también abogo por marcar el ritmo de las cosas, y colecciono momentos.

Aquí unos que han llegado, por sorpresa, como nos gusta. Ahora que he empezado, el final tras la mirilla de la puerta, le pondré el título de arranque, y me iré olvidando levemente, sin saber por dónde íbamos, sin que importe.

1 comentario:

tartucas dijo...

Así es.
Pero de cualquier manera, gracias por esta carta. Acabo de recibirla.