13 de diciembre de 2010

Se acaba la jornada, el laburo, y vuelven las fuerzas como una ola directa sobre la cara, una suave, una que sólo refresque y diga: viva, estás viva, aquí, en el medio de mi mar, tocando suelo profundo, capaz de nadarme de una brazada, y llegar de un extremo al otro, tú haciendo la cruz y escribiendo los oceános a las diez de la noche, comienza con una canción o un desnudo o, al menos, una cena y chuparse los dedos.

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