16 de diciembre de 2010

Trabajo en la redacción de informativos de una televisión. No soy redactor, no soy jefe, pero estoy muy cerca de ellos. De Wikileaks también, y me encanta, aspiro desde aquí, escribir algún día el libro que es Wilileaks, con sorteo de cárcel incluido. Pero eso será cuando salga de aquí, porque hay que verlo desde la distancia, y a mí las distancias son lo que me gusta. Lo que me insufla la energía necesaria para llevar a cabo lo imposible, las escrituras más campales. Cuando salga de aquí, lo haré con tanto material bajo la axila como para llenar, al menos, un libro. Pondré a todos ellos periodistas, técnicos, realizadores, productores, jefes y becarios a vivir dentro de la ficción que cada día producen y avivan. Y así, si todos los que miran desde fuera, se introducen hasta el fondo, volveran las invasiones al salón de casa y las banalidades de la guerra y la muerte rotarán en otros sujetos más receptivos o, cuanto menos, iniciados en los asuntos que los atañen. La verdad cobrará un significado nuevo y la contención les arrancará los colores y el sol les calentará y el agua les mojará la piel y la vida caminará más lenta e insegura, pero paradójicamente sonreirán un poquito más.

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