22 de febrero de 2011

Reflejos

¿Cómo restan los minutos?
¿Qué cadencia tienen, al despedirse?
Vahído es una palabra que me viene y me va.
Yo no sabía que los versos pudieran ser reproches.

Pronto brusco vacío abismo
como yo
lleva muchas horas sin dormir.

Lo que deja transcurrir el tiempo, el mal tiempo
revela desencantos
nos hace ponernos a cubierto, bajo el cielo
esperar nada o que llueva.

Entonces sólo unos cuantos
nos iremos a casa
y se romperá el hechizo.





Tres meses desde que publicamos nuestro primer libro. Un poema es un rescate en si mismo, unas palabras flotando que me traen más de lo que les devuelvo yo a ellas, por su extrañeza y la mía al descubrirlas una vez más. Todavía están recorriéndome la piel y por eso me soprenden, me releen y no al revés. Siento que sólo me pasa con ellas, son extrañas para el lector, y lo sé, y no sé si es por eso que me encantan, porque las entiendo íntimas, porque están aquí y nadie las conoce nunca, porque como decía Robert Walser: "Nos alegramos secretamente cuando nos escondernos un poco", y él, y quiero pensar que yo también, nos escondemos precisamente donde parece que nos mostramos más visibles, nos mostramos, en realidad, más invisibles. Así que os dejo aquí, caído en la textura blanca de esta noche, otro poema.

Hay un lugar (Ed. Pigmalion).

1 comentario:

Marinero en Marte dijo...

En un rescate siempre se encuentra a algún naúfrago abrazado a una tabla de madera, luchando por seguir adelante.
Este poema es la tabla a la que nos abrazamos, al leerlo, los naúfragos que aún tenemos fé y no queremos hundirnos en la profundidad del oceano.
Es muy bonito. A cada entrada del blog me estremecen más y más, si cabe, tus palabras.
Enhorabuena, poeta.