7 de abril de 2011

Las preguntas nebulosa

Ella sabrá lo que hace, pero creo que duerme demasiado. Acabamos de cenar y apoya su cabeza en mi entrepierna con un movimiento que siempre tiene algo de inquietante. Como a mí me gusta tocarle el pelo, su estado habitual me facilita las cosas. Comienzo a masajearla y ella me cuenta, narra lo que se le pasa por la cabeza. A veces le pregunto, sobre mí, y hasta el momento estoy contento con las respuestas. Conozco tanto de ella. Tan poco de mí. Cuando se despierta me entran remordimientos y lo confieso todo. Ella sonríe, para que no me dé cuenta de lo que piensa y la quiera. Pero me asalta el miedo. Falta muy poco para que la prefiera dormida.

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