29 de mayo de 2011

Feria del libro


Ya vienen, los días de feria. Este año, también, desde dentro de las casetas. Tiene que ser bonito, si se piensa, si me remonto a la infancia y recuerdo que mi excursión preferida del año escolar, y había tantas y tan grandes; ir al teatro, a la Pedriza, hacer escalada, rafting y espeleología (gatear las cuevas), la Granja-escuela, ir al teatro...era, daba igual cuántas y cuán buenas fuesen las obras representadas, el día que nos llevaban a la feria del libro, y nos soltaban allí, a nuestro aire, en el parque del Retiro, para caminar, durante horas, por la avenida infinita de los libros. Los días anteriores ya andaba contando las monedas para comprar aquéllos, sin más criterio que la fascinación, que me envolvieran en magia, en encanto, que hicieran detener mis pasos y mis ojos delante de la caseta y del libro elegido. Era genial. Iba llenando las bolsas de aventuras para el verano, para aquella misma tarde, para al momento sentarnos en un césped cercano y abrirlos, o en el autobús de vuelta, comenzar a tocar, comenzar a leer, mantenerme un poco más, desde el imaginario, entre los pares y los impares, las casitas que contenían todos los libros, juntos, en un mismo y maravilloso lugar.

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