23 de septiembre de 2011

Consecuencias

Son las doce horas, un minuto y quince segundos. El momento de bajar las escaleras desde el tercer piso. Mastico un bocata de bacon crudo. Recorrer el pasillo de salida y cruzar la puerta.  Nadie que no sea oscuro me atraviesa. El administrador y su perra me saludan atraídos, casi llegando a casa para su almuerzo. El barrio se hace inmenso al explotar. Busco el coche que me traslade, pienso, cómo hacerlo para dormir a partir de esta noche, medio día, media tarde. Estoy vivo, ergo duermo.

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