7 de septiembre de 2011

delicias de un solo pie antes del almuerzo

En el curso de las conversaciones andantes, en el deslizarse la ciudad se mueve conmigo, al ritmo pierde la mirada, se divierte, lo está viviendo, y su cuerpo empieza a coger peso cuando atardece, me muevo al son de un solo pie, ver las estrellas mientras toco el suelo de ambas caras, lo giro y es el rostro oculto quien mantiene ojos y huesos marcados y relamidos. Pruebo a dejarlo como estaba, que llueva y corra el agua por sus entradas cobre, la importancia del sujeto dormido, su pensarnos desde abajo, ríe cuando me acerco o me cuelo por sus afueras, todo se transforma y cambia de sitio en el mismo instante en que lo cuento, si me siento la ciudad se sienta conmigo y ahora leemos y conocemos ya el paso del estrecho y decidimos, por qué no, no volver más allá.

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