15 de enero de 2012

Trayecto de libros

Aburrirse como se aburren los niños, en una actitud predispuesta. La aceptación del ser, la conjunción de todas las caras. Ser, el rostro de El amante. Marguerite Duras. Cuando el suyo es el nuestro, cuando su historia es la nuestra. Cuando quisiera haber escrito lo que ella ha escrito. Aprenderlo de memoria. Tener todas las arrugas que marcaron ese rostro devastado. Shepard cuando me convence al afirmar que uno comienza a contar su propia historia en el momento en que siente que ha perdido toda esperanza. Ahí se arrancan del centro del narrador los mejores relatos, las palabras más interesantes, tan desconocidas que lo son hasta para los propios autores, sus propios sujetos. El asombro entre los presentes es tal que la realidad latente podría cortarse con un cuchillo y sangrar, y gritar la historia, y hundirnos con ella. Por eso Lord Jim es ahora mi libro favorito. Porque su historia me la cuenta alguien que no es él, en uno de esos lugares donde desearíamos al mismo tiempo perdernos y encontrarnos, entre tanta noche blanca.

No hay comentarios: