24 de febrero de 2012

Versionándome

Ella sabrá lo que hace, pero creo que duerme demasiado. Acabamos de cenar y apoya con ternura su cabeza en mi entrepierna. Enseguida queda dormida. Duerme como si abriera cada noche un cuento y yo fuera un niño al que leerle antes de dormir. Un cuento que ya tiene algo de eterno. Silvia comienza a hablar en sueños. A veces le pregunto, y hasta el momento estoy contento con las respuestas. Conozco tanto de ella. Tan poco de mí. Cuando se despierta tengo que repetir sus palabras y ella las transcribe en Twitter, aún somnolienta. Los comentarios recibidos confirman el buen pulso de nuestra pareja. Pero a mí me asalta el miedo. Falta muy poco para que la prefiera dormida.

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