4 de abril de 2012

Esta noche me quedo aquí, pero gracias por invitarme


Había llegado hacía más de tres meses, y dejé de saber qué día era, perdí por completo la noción del tiempo pero no olvidé por qué quería venir a este lugar. Pensé que era la ciudad donde yo empecé. Yo.  Pero también sabía que el tiempo nos empujaría a esta extraña forma de vida en la que enamorarnos a distancia.

Una vez te pregunté cómo éramos al principio. No lo recordaba bien, pero juraba que no, que nosotros no. Mi cabeza no paraba de imaginar formas de librarse de la muerte. Dijiste algo de las distancias cortas. Tuve una pesadilla y tal vez no supe cómo decirte que la pesadilla me gustó.

Vine aquí, también, por todo eso. Porque no sé qué me da más miedo, si que se acabe o que dure para siempre. Y comprendí que ambas cosas eran la misma, pues la segunda no es más que la primera transformándose desesperada.


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