4 de julio de 2012

Un concierto anoche


Cuando me acerco a ver un espectáculo espero muchas cosas. Al principio, lo espero todo. Y a medida que el espectáculo avanza, siempre llega un momento, más cerca del final, en que lo vislumbro. Hasta entonces, me había salido del espectáculo y entrado varias veces. Rondado por sus afueras, acariciado a su ritmo mis propios pensamientos, vagado libre. Es lo que al fin y al cabo le pido a la vida. Esas sensaciones, esos conciertos me provocan, me hacen deseo. Me doy cuenta entonces de su final cercano, y es cuando ocurre, de manera casi obstinada, que mi único deseo sea el instante, lo presente, lo que estoy sintiendo ahora. Porque pronto acabará, porque he elegido estar aquí. Y en todo ese ir y venir el espectáculo me despierta ideas, voces nuevas. Tal vez surja, también, algo de la crisis personal, y más adelante, energía y optimismo, esa otra forma de verlo necesaria. Y el final. Ese final de las personas que han deseado mucho.

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