8 de agosto de 2012

en mitad del verano

Por alguna razón temporal, estamos en mitad del verano. Ya fueron los viajes, las vacaciones gastadas. Y se van algunos de los que vinieron, vuelta al trabajo y al siguiente otoñoinvierno. Por aquí, algún día de piscina. Son siempre pocos los días de este verano. Pero he leído algunos libros buenos, he encontrado tiempo para hacerlo. Esta vez, en lugar de escoger a un imprescindible, el gran tomo del verano, decidí muchos y pequeños libritos. He leído:

Historia argentina, de Rodrigo Fresán.
Subte, de Rafael Pinedo.
Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma.
El viento comenzó a mecer la hierba, de Emily Dickinson.
Gran Vilas, de Manuel Vilas.
El azul del cielo, de George Bataille.
Estoy leyendo La felicidad a ultranza, de Ugo Cornia.
Y el comic El arte de volar.
Y alguno más, seguro.
Y un concierto.
También un cine.
Una cena fuera, una comida fuera.
Los preparativos de unas fiestas de pueblo.
Muchas terracitas.
Visitas sorpresa.
Cine clásico, otra vez, redescubrimiento con ganas, con asombro, con deleite.
Una serie nueva, tres nombres futuros, capítulos sueltos.
Hemos hecho muchas fotografías.
He releído correspondencia del último año.
Conversaciones, como son las conversaciones, todas las conversaciones.
Grandes noticias, estais fatal, pero son grandes noticias.
He formateado el ordenador.
Cuido un hamster en casa.
Tormentas de verano. 
Tengo ganas de ti.
Una gira de teatro.
Noticias espantosas, el mundo loco, el mundo desgasta.
Promesas nuevas, carrera universitaria, ideas.
He gastado las 10 horas de música del spotify. 
Canciones. Luces. Esperas
la preciosa luz del final del verano.
                                                                       

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