12 de septiembre de 2012

Tarde de librería

Ayer entré en una librería y no me compré ni un libro, ni uno. Eso sí, me pasé una hora manoseando títulos, editoriales, autores, y al rato el librero comenzó a seguirme. "Estoy en modo ahorro", le decía, soltando el libro que tuviera en mis manos cada vez que me lo encontraba. Qué tensión, y yo con este vicio. Me fui de allí memorizando una editorial nueva y sin haber encontrado el libro que esperaba, el único con el que no me hubiera podido resistir y cuyo título no pregunté directamente al vendedor para no caer en la tentación. Confié en mi suerte para no encontrarlo, porque era lo que más deseaba que ocurriera. En fin. De allí caminé hasta la Biblioteca Regional de Madrid, para preguntar por los talleres que ofrecían. Segunda y tercera forma de ahorro de la tarde. No ofrecían ninguno. Pero es un lugar precioso, aquel. Es la fábrica de cerveza Aguila, uno de esos edificios de ladrillo rojo y armadura aplastante, de una época industrial en los que dentro se desarrollan actividades culturales, al lado de la estación de cercanías de Delicias.

Descubriendo Madrid, entonces. Estirando todos los músculos del cuerpo en un paseo por el aspecto sur de la capital.

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