1 de noviembre de 2012

La despedida

Semanas como ésta hacen que olvide que todavía trabajo. Semanas buenas, las llamo yo. De las que empiezan el domingo por la noche al salir de trabajar y se alargan hasta el viernes y hay un día festivo en ellas. Dibujan el gráfico perfecto de unas vacaciones a la española. Cinco o seis días libres. Una curva como autopista para no salir de Madrid pero hacer todos los viajes. Fuera quedan las actividades programadas a las que te apuntaste en septiembre con no sé qué idea absurda de pasar tus ratos libres.

Estas semanas son tan buenas que empezaron quizá antes; ha sido la última semana y algunos días de la anterior y, tal vez, uno o dos días de hace un par de semanas. La inminencia nos mueve, por eso los últimos días del verano son, de alguna manera, los mejores. Por eso los últimos meses que pasamos en una ciudad extranjera o en un trabajo extranjero comenzamos a quererlos.

Por eso, antes de volver a casa de esta semana fetén, y dejar que todo se vaya a saber dónde, a París, a la mierda, hay que juntarse todo lo posible, estar por ahí, en las personas donde ocurre, cuidarse, dejarse ir y saber que nos estamos despidiendo, solamente, de esta semana que fue grande. La despedida tan sólo hará que las cosas sigan.

No hay comentarios: