8 de noviembre de 2012

Sobre pájaros ahorcados

Ésta es de esas entradas al blog que marcaría como favoritas, sólo por las ganas que tengo de un texto que me convenza, de escribirlo también, el proceso me fascina, el momento ahora, el transcurrir del día en un lugar como éste, no salir, no salir más de casa. Ataques de tos más café, recordar a los fumadores, in memoriam, tos, necesito perder mucho el tiempo y escribir mucho y muy malo, pasar una semana encerrada, ponerme mala, escuchar música, encender y apagar el televisor, empezar una novela, y sí, son importantes esos días, los que el cuerpo me exige: oye, agarra un libro nuevo, no valen cuentos, no vale poesía,  ni diarios, ni...escoge una novela, la que más te apetezca, vuelve a disfrutar leyendo, que parece que se te olvida, coño. Y tiene razón, el cuerpo suele tener razón. Hay veces que se me olvida disfrutar. Así que cojo COSMOS, de Witold Gombrowicz, que tiene otra promesa de librito llamada PORNOGRAFÍA, que me prometí a mi misma, no sé porqué, leerlo sólo al final de COSMOS, así que allá vamos, cualquier razón es buena. Y el libro es un librazo. No voy a hablar de él. Estoy leyéndolo. Rafael Pinedo en Subte contaba en latidos. Un latido, dos latidos, tres latidos... Gombrowicz es más de labios, porque unos labios existían sólo en relación con los otros. Toda unión no era precisamente una unión, era simplemente una boca considerada en relación con otra boca. Sigo leyendo. Un pájaro ahorcado. Un gorrión ahorcado. Comienza a llover. Y leo Cosmos. Non stop.

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