5 de agosto de 2013

Pasar la mañana en el rastro

Un buen lugar para comprar libros es El Rastro de Ribera de Curtidores y las plazas aledañas, cualquier domingo en Madrid. Sólo necesitas tiempo para mirar bien y unas monedas sueltas, cuántas menos, mejor será la compra. Hay puestos enteros de libros de segunda mano, pero los mejores son aquéllos otros en los que se vende de todo; baratijas, herramientas, vajilla, ropa, cuadros, en los que hay, apenas, una muestra de cada especie. Tirados por el suelo, unos cuantos libros. Esos, mantienen su precio en pesetas y el precio en euros es todavía inferior. Ayer adquirí Mundo inmundo, de Topor, un precioso libro de dibujos del autor y El cementerio marino, de Valéry, una edición bilingüe del poema traducido por Jorge Guillén, junto con un ensayo de explicación del poema que el mismo Valéry agradeció profundamente por su valía. Me llevé los dos por un euro. En otro puesto adquirí Las buenas intenciones de Max Aub, un autor descatalogado, y la primera novela de Francis Scott Fitzgerald, A este lado del paraiso. Pagué una cerveza por cada uno. Por último Espejos, de Eduardo Galeano, edición de Siglo XXI, nuevo, a 20 euros en librerías, por 2 euros. El paseo termina con una riquísima comida griega en el mercado de San Fernando en la calle Embajadores, por cuatro euros. Pasaría la tarde de lectura.

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