11 de septiembre de 2013

Soy una mujer de momentos

Después de muchos meses de apatía, he comenzado a hacer cosas sin parar. Llevo dos días sin fumar y, de súbito, me doy cuenta de que muchos momentos del día están incompletos, incluso vacíos. De que me falta algo aquí, y allá, falta algo en la acción de beber un té a media mañana y después de cenar, faltaba algo cuando me he hecho un zumo de naranjas y me lo he bebido, cuando me senté en el sofá después de todo el día y encendí la tele. Sobre todo faltan cosas en esta casa; el lugar donde más a gusto me sentía, comienza a fallar. Estoy mejor fuera, en movimiento, con cosas que hacer para no notar el efecto yonki de mi cuerpo reclamando, y para no pensar que echo de menos fumar, aunque de sobra sé que puedo vivir con mis nostalgias.

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