7 de marzo de 2014

Los poemas perdidos, de Dorothy Parker



Es reconfortante, de vez en cuando, mirarnos en el espejo de los otros. Meternos en la piel de un personaje (y que nosotros cambiemos) es lo que nos ofrecen los libros. En Los poemas perdidos de Dorothy Parker, editado por Nórdica, el personaje es fascinante y real, el lector tiene delante una completísima introducción a su vida y un acercamiento notable a su obra poética (vida y obra indisolubles) a través de los poemas originales y su traducción, además de notas aclaratorias a pie de página. Un espejo.
La selección de los poemas es una propuesta. Estamos ante una autora marcadamente temporal, muy arraigada a su época, su sociedad, su estilo de vida (esta cosa tan actual). Dorothy Parker fue lo que vivió Dorothy Parker. Su éxito profesional (los relatos, las revistas de gran tirada), Nueva York, los felices años veinte. También su influencia posterior. Su actitud y comportamiento (su escritura) excéntricos fueron compartidos con una generación posterior de escritores (Truman Capote, Hunter S. Thompson) que construyeron una forma de hacer un periodismo frontal, sin pelos en la lengua, inteligente, involucrado, protagonista. Sus biografías (pero también sus creaciones; los versos de odio, por ejemplo) como forma de arte contemporáneo, modelo vigente en nuestros días.
En estos Poemas Perdidos se reúne la poesía ligera que escribió Dorothy Parker en los inicios de su carrera, más de 300 poemas para importantes publicaciones como Vogue, Vanity Fair y The New Yorker.  Poesía ejercida como oficio con el que se ganó muchas veces la vida. Reflejo de unos años de libertad, juventud y esplendor que precedieron a la Gran Depresión. 

Si tu y yo fuéramos uno, querido,
una vida modélica llevaríamos.
Seguiríamos adelante, año tras año,
sin acelerar el paso.
¡Ah, muy clara está la visión
de las cosas que haríamos!
Y por eso creo que mejor, mi amor,
que nos sigamos entreteniendo como dos.

Más allá de la leyenda, leer sus poemas hoy, fuera de moda, para descubrir que tenía una pulsión poética, una sensibilidad más allá del glamour. Hay un viaje en cada poema, una autoafirmación, afán de voz de toda una época.